ESPEJITO, ESPEJITO… ¿QUIÉN ROMPIÓ LAS REGLAS?
Más allá de su uso habitual, los baños del colegio se han transformado en un espacio de «libertad» donde el vapeo, el uso de celulares y las grabaciones de conflictos marcan una norma que muchos prefieren callar por temor a las consecuencias.
En los pasillos del colegio, la convivencia parece seguir su curso normal, pero tras los espejos y puertas de los baños la realidad es distinta. Lo que para algunos es solo un lugar de paso, para otros se ha convertido en un refugio estratégico donde se realizan actividades fuera de la norma. Según testimonios recogidos, es común encontrar a estudiantes utilizando celulares para grabar situaciones o incluso participando en el consumo de vaporizadores (vapes).
Esta tendencia no es aislada. Se ha reportado que la venta de estos dispositivos llega incluso a alumnos de sexto básico, quienes comienzan a vapear a edades cada vez más tempranas. Además, el baño sirve como lugar para rayados que, aunque vistos por algunos como bromas, tienen consecuencias directas en el entorno escolar. El punto crítico es que domina el «silencio colectivo», voluntario o involuntario; muchos estudiantes que entran al baño, y a veces, durante el desarrollo de las clases, son testigos de estas acciones y prefieren no denunciar por miedo a ser maltratados o enfrentarse a peleas fuera del establecimiento.
¿Por qué el baño? La respuesta podría estar en la falta de alternativas recreativas. Ante la restricción del uso de celulares para la «autorregulación» y la falta de espacios para deportes de mayor intensidad como el básquetbol o el voleibol, muchos estudiantes se sienten estresados y aburridos. «No es bueno que el espacio sea tan reducido… A mí en lo personal me frustra porque siento que no tengo un tiempo recreativo necesario», relata el estudiante Claudio Fuentes, del 3ero medio B Nantes. Esta sensación de encierro y estrés, sumada a una crisis de salud mental post-pandemia mencionada por especialistas, empuja a los adolescentes y jóvenes a buscar estos espacios sin supervisión para socializar de formas no permitidas.
Inspectoría General del colegio ha optado, por ahora, por mantener la confianza en los estudiantes, evitando medidas extremas como detectores de metales o revisiones de mochilas, aunque estas ideas ya rondan en las conversaciones con los apoderados. El desafío actual no es solo vigilar lo que ocurre entre esas cuatro paredes, sino devolverle a los estudiantes, espacios de recreación que hagan que el baño deje de ser el único refugio posible.
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Idea creativa: José Ignacio Velis.
Línea editorial: Joseph Riquelme, Vivian Balboa y José Pablo Torres.
Entrevistas: José Ignacio Velis y Joseph Riquelme.
Entrevistados: M. Felipe Bravo, Mme. Marcela Dinamarca y Est. Claudio Fuentes.
Redacción y titular: Selena Galaz.
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