12 de octubre de 2026

Inteligencia Artificial en la Educación: Tres Docentes Comparten Sus Experiencias y Reflexiones

La planificación, la elaboración de recursos y la organización del trabajo pedagógico son algunas de las tareas en las que los docentes del Colegio Bicentenario Louis Pasteur incorporan la IA. A partir de sus experiencias, surge una pregunta clave: ¿cómo aprovechar esta tecnología sin perder el criterio profesional ni el valor de la enseñanza humana? La inteligencia artificial (IA) ha comenzado a ocupar un lugar relevante en las prácticas de preparación docente, ofreciendo nuevas alternativas para organizar información, desarrollar actividades y optimizar tareas. 

Para conocer cómo se integra esta herramienta en el trabajo pedagógico, InfoFlash entrevistó a tres docentes de nuestro establecimiento, quienes compartieron sus experiencias, los beneficios que identifican y sus reflexiones sobre un uso responsable. Mme. Mabel Michel, profesora jefe de 1.º básico A, con 36 años de trayectoria profesional, estima que utiliza la IA en un 90% de sus labores de preparación. Entre sus principales aplicaciones se encuentran la planificación y la revisión de evaluaciones. Según explica, esta herramienta ha reducido considerablemente el tiempo que dedica a estas tareas: una prueba que antes podía tomarle tres horas ahora puede prepararla en aproximadamente 45 minutos. “Yo no me imagino mi vida docente sin la IA, de verdad, porque nos ahorra mucho tiempo”, señala. 

No obstante, su valoración está acompañada de una advertencia: utilizar esta tecnología no significa delegar en ella la responsabilidad de pensar. Para la docente, los procesos mentales, la lógica y el pensamiento crítico deben seguir siendo desarrollados por las personas. En esa línea, advierte que asignar todo el trabajo a la IA puede debilitar la participación activa del estudiante en su propio aprendizaje. 

Una perspectiva complementaria aporta M. Cristian Urrutia, Orientador y Docente de Biología, quien cuenta con aproximadamente 23 a 24 años de experiencia profesional y estima que utiliza la IA en un 50% de su trabajo. La incorpora principalmente para crear imágenes relacionadas con valores institucionales, como la solidaridad, el respeto y la responsabilidad social, además de elaborar preguntas y actividades adecuadas al nivel de sus estudiantes. Según relata, su uso le ha permitido ahorrar alrededor de dos horas de trabajo, tiempo que puede destinar a su familia. El docente también proyecta posibilidades para el aprendizaje fuera del aula, como disponer de materiales complementarios que permitan a los estudiantes repasar contenidos y reforzar lo aprendido. Sin embargo, destaca que la formación escolar no se limita a la adquisición de conocimientos. A su juicio, el rol del profesor también comprende el desarrollo de valores, habilidades sociales, respeto y capacidad de relacionarse con los demás. Por ello, subraya la importancia de verificar la información generada por estas herramientas, respetar los derechos de autor y evitar su utilización para perjudicar a otras personas.

Desde la educación diferencial, Mlle. Francisca Osses, quien trabaja con estudiantes de Cuartos Medios y cuenta con cinco años de experiencia, estima que utiliza la IA en un 70% de sus labores. La emplea para estructurar clases, organizar ideas, concretar propuestas de actividades y consolidar datos de evaluaciones. Según comenta, algunas tareas que antes requerían una dedicación considerable pueden organizarse en pocos segundos, lo que facilita la preparación del trabajo pedagógico. Sin embargo, la docente procura mantener su identidad profesional en los materiales que desarrolla y evita depender de recursos completamente automatizados. “Usarla y no abusarla”, plantea al referirse a la necesidad de establecer límites en su incorporación. Asimismo, considera que uno de los aportes más significativos de esta tecnología podría ser la reducción de tareas administrativas, como el llenado de los libros de clases digitales, para disponer de más tiempo para la enseñanza directa y la interacción con los estudiantes. 

Más allá de la herramienta: el valor del criterio humano.
Aunque los porcentajes de uso son diferentes, las experiencias de estos tres docentes coinciden en un punto: la inteligencia artificial puede facilitar determinadas tareas, pero su incorporación requiere supervisión, responsabilidad y decisiones conscientes sobre cómo utilizarla. En este escenario, el desafío para la comunidad educativa no consiste únicamente en incorporar nuevas tecnologías, sino en aprender a utilizarlas con criterio. Para los docentes, esto implica preservar su identidad profesional y el vínculo formativo con sus estudiantes; para estos últimos, comprender que la IA puede apoyar una investigación o facilitar una tarea, pero no reemplaza el esfuerzo de comprender, analizar y construir conocimientos propios. La pregunta, entonces, no es solo cuánto utilizamos la inteligencia artificial, sino cómo la utilizamos y qué lugar le damos en el proceso de aprender en una educación que cada vez está más vinculada con la tecnología, el pensamiento crítico, la responsabilidad y la formación integral, ya que estos continúan siendo fundamentales.